sábado, 9 de mayo de 2009
OLGA OROZCO
Ella está sumergida en su ventana
contemplando las brasas del anochecer, posible todavía.
Todo fue consumado en su destino, definitivamente inalterable desde ahora
como el mar en un cuadro,
y sin embargo el cielo continúa pasando con sus angelicales procesiones.
Ningún pato salvaje interrumpió su vuelo hacia el oeste;
allá lejos seguirán floreciendo los ciruelos, blancos, como si nada,
y alguien en cualquier parte levantará su casa
sobre el polvo y el humo de otra casa.
Inhóspito este mundo.
Áspero este lugar de nunca más.
Por una fisura del corazón sale un pájaro negro y es la noche
-¿o acaso será un dios que cae agonizando sobre el mundo?-,
pero nadie lo ha visto, nadie sabe,
ni el que se va creyendo que de los lazos rotos nacen preciosas alas,
los instantáneos nudos del azar, la inmortal aventura,
aunque cada pisada clausure con un sello todos los paraísos prometidos.
Ella oyó en cada paso la condena.
Y ahora ya no es más que una remota, inmóvil mujer en su ventana,
la simple arquitectura de la sombra asilada en su piel,
como si alguna vez una frontera, un muro, un silencio, un adiós,
hubieran sido el verdadero límite,
el abismo final entre una mujer y un hombre.
GRAFFITTIS DEL MAYO FRANCES DEL ´68
Nosotras, las MINAS SABIAS que ya frecuentamos esta edad prolongada e indefinida que nos mantiene super bien y a mano de quienes nos necesiten, supimos con mayor o menor intensidad acerca de ese movimiento que en Francia duró unos meses y que de alguna manera fue el comienzo de una efervescencia y toma de conciencia que cambió el curso de la Historia. Estos graffittis, románticos, utópicos, que suelen aparecer en remeras o pancartas, vienen de Mayo del ´68. Yo tenía 28 años, Martín casi 3 y Hernán nacería en noviembre. Había renunciado a mis horas de Profesora de Cultura Visual en el Lenguitas (que por entonces estaba en la calle Carlos Pellegrini y lo dirigía la mítica Sofía Spangemberg), tenía mi horno de cerámica y trabajaba en mi casa decorando lozas. Me interesaba mucho la Literatura pero debo decir que por entonces ni se me hubiera ocurrido que habría de construir mi oficio de escritora.
Interdit d'interdire.
Prohibido prohibir.
Soyons réalistes, demandons l’impossible!
Seamos realistas, pidamos lo imposible!
L'imagination au pouvoir.
La imaginación al poder.
L'ennui est contre-révolutionnaire.
El aburrimiento es contrarrevolucionario
Soyez réalistes, demandez l'impossible.
Seamos realistas, exijamos (hagamos) lo imposible.
On achète ton bonheur. Vole-le.
Están comprando tu felicidad. Róbala.
Sous les pavés, la plage.
Bajo los adoquines, la playa.
L'âge d'or était l'âge où l'or ne régnait pas. Le veau d'or est toujours de boue.
La Edad de Oro era la edad en que el oro no reinaba. El becerro de oro está siempre hecho de barro.
Oubliez tout ce que vous avez appris. Commencez par rêver.
Olvídense de todo lo que han aprendido. Comiencen a soñar
martes, 5 de mayo de 2009
OTRA VEZ LA ISLA FLOTANTE, DE BLOG A BLOG
Agregar 16 cucharadas de azúcar revolviendo, sin batir; poner en una budinera acaramelada y enmantecada en el horno y al baño María – 10 minutos fuerte
1 hora de horno muy bajo.
Desmoldar en caliente
EL COMIENZO DE MI HISTORIA

Esta es la foto de mi bautismo. Por lo tanto aquí me ven en brazos de mi madre. Mi hermano Juan Jorge es ese niñito rubio que mira de manera angelical al frente. Gran parte del elenco de quienes habrán de ser los personajes de mi historia personal figuran en la foto. Mi madrina, la tía Fulvia, que se casó con el tío Frank, escocés él, es la que se acerca pegada a la cara de mamá, y arriba de mi hermano está la tía Clarita. Mi padrino es el tío Enzo, hermano de mamá, que era en ese tiempo muy conocido en el ámbito de los radioescuchas como Enzo Adigó. Está de frente de traje claro y hablando con mi abuelo Benito. Yo no salí muy favorecida, y ya demostraba el que habría de ser de por vida mi carácter libertario, relativamente temperamental y absolutamente laico. Papá seguramente es el que sacó la foto. (Nos tenía horas, hasta que todo el mundo se cansaba de posar, entonces encontraba la toma justa y allí presionaba el disparador. Era una camarita muy linda de las Kodak a fuelle, portátil, papá era muy moderno y siempre estaba al tanto de la última tecnología.) Mientras escribo ésto me estoy tiñendo el pelo, de manera que dejo aquí, por prevención, nomás. Listo, todo bien. Ah, el tío Moi, esposo de la tía Ada, está del lado derecho de la foto, así como la estás mirando. La tía Ada está de perfil entre la tía Clarita y Josefina, prima de papá, a quien llamábamos la tía Pina. Detrás de Josefina, de frente y por el fondo, Rosalía, la madre de mis primas segundas y amigas, que entonces una no había nacido y la Pichi era bebé. Entre el abuelo Benito (el Nono) y mi tío Enzo, asoma Iris, a quien dediqué un poema en otro cuerpo de este Blog. La tía Iris y la tía Clarita usaban lentes. Los usaron desde niñas y a ambas les trajeron idéntico conflicto. Entonces no se tenía la idea de que una mujer de lentes era interesante, de tipo intelectual, como se empezó a caratular allá por los ´60, con toda esa influencia francesa que recibimos a través de la Nouvelle Vague, cuando una llevaba siempre un libro bajo el brazo o en la mano, aunque jamás tuviera la paciencia de leerlo. Eso de tener algo en la mano también era un signo de inseguridad. Sinó fíjense en las viejas películas argentinas de la Lumiton, qué problemas tenían las estrellas de las décadas del 40 o del 50, a quienes, cuando no les quedaba otra, el director las hacía bajar por la escalera suntuosa (que probablemente siempre sería la misma) de traje y guantes largos, y deslizando lentamente su anillada mano por el sinuoso pasamanos. (A los anillos muchas veces se los ponían por fuera del guante). El otro día pasaron Yo quiero ser bataclana, con Niní Marshall. La muerte del cisne, bailado por ella, es lo más grande que se pueda ver en humor filmado de todos los tiempos.
viernes, 1 de mayo de 2009
NINI MARSHALL

miércoles, 29 de abril de 2009
LIDIA BALBI, CULTIVADORA DE ORQUIDEAS.
Lidia Balbi
Puse los claveles en agua.
“Es la chocolatera de cuando era chiquita”, le dije.
“Tenés linda la casa”, me dijo.
Yo le contesté que me apasionaban las maderas y que todos estos muebles habían sido de las viejas casas de mis tías, y el piano. Le mostré mi última creación, un enanito de jardín abrazado a un sapo, que pinté para mis nietos.
Yo había llamado a Lidia para que me contara algo de su pasión por las orquídeas. Bien digo: Pasión. Luego ella hubo de corregirme y dijo:
“Es una a-dic-ción”.
“Y entonces, Lidia, cómo es eso de tu adicción a las orquídeas, ¿empezaste de a poco o con varias plantas juntas?”, le pregunté.
Me dijo que había empezado con una planta, y que una planta te lleva a la otra, y que además se había armado una buena bibliografía.
“¿Y cómo es eso de conseguir las otras plantas?”
“ Por lo general en las reuniones con colegas. Hace poco uno me dio una planta con dos pimpollos. (No recuerdo la palabra técnica, la versión que estoy dando es lo que quedó registrado en mi oreja). Uno se cayó el primer día; el segundo, al día siguiente. Le dije que me había mandado una planta enferma. Claro, él no sabía que yo era la señora Lidia de Versalles. Cuando lo supo, la cosa cambió. El a mí ya me conocía, y me la cambió por otra. Esta sí que estuvo bien”.
“¿Te la había regalado?
“¡Nooo!, se la compré”, como a trecientos cincuenta.
Luego habló de que la adicción a las orquídeas es como a cualquier otra droga.
“Imaginate. Lo que me fascina es el aroma. Esta nueva planta que este hombre me repuso tenía una fragancia extraordinaria. Porque las orquídeas tienen aroma. Eso es lo más cautivante”.
“¿Algo así como una droga hipnótica?”
“Quizá”, me respondió Lidia.
Al final y no sé por qué razón me habló de un cactus que le dio una flor maravillosa, enorme, flor de un día.
“¿Qué? ¿Se mueren en un día?”
“Así como te lo digo. Si la polinizás con otra que esté cerca lográs una planta con un fruto así de grande que tiene propiedades curativas: te hace bajar la glucemia. Pero no pude hacerlo, quizá el año que viene.
Otro tema del que hablamos fue:
“Las orquídeas son como mis hijas”
(Ésto lo estoy agregando esta mañana, mientras tomo mi enorme café cortado apenas con leche. Pero sigo con el relato anterior).
Son las 2:30 de la mañana, no quiero terminar por olvidarme de esta conversación que a mi entender tuvo dos momentos de registro para mí extraordinarios:
Uno de ellos, las orquídeas. El otro, surgió como uno de esos temas que por lo general se presentan por azar y dominan parte de la escena.
Hablamos de la posibilidad de definir este tema de las MINAS SABIAS. SABIAS, le dije, por los SABERES que una mujer que ha vivido una buena cantidad de años va acumulando.
“Vos sabés de orquídeas. Tenés un gran saber que es interesante que podés compartir o que yo pueda dar a conocer con esta nota. Otra puede tener un SABER relacionado con la cocina:
“Por ejemplo”, dije “yo hago un locro espectacular, una vez al año, a lo sumo 2. En olla de fierro.”
“Bueno”, dice Lidia, “yo soy experta en Strudel. Por supuesto que ahora compro hecha la masa, pero cuando la hacía, nadie me ganaba”.
“Te voy a contar”, agregó.
“Una vez hace años con una amiga fuimos bien al Sur, fuimos a ver a Otto, en el cerro, creo que el cerro Otto se llama así por él. Era un andinista famoso, tenía cabañas. Lo hinchamos tanto que al fin nos permitió alojarnos en una de ellas, en la más grande. Hermosa. Una cabaña hecha de troncos, como las de los cuentos. Allí estuvimos como 3 meses, vieras cuando esa hondonada se llenó de margaritas.
Un día le dije: Bueno, Otto, tengo que pagarte este favor que nos hiciste de prestarnos la cabaña, te voy a hacer un Strudel. Me miró incrédulo, quién puede vanagloriarse de su Strudel ante Otto, te imaginarás los ricos Strudels que el hombre, alemán, pudo haber comido en su vida. Le gustó. Le vi en los ojitos que le había gustado. Era un hombre de unos 75 años entonces, creo que me prefería. Yo ya entonces me había recibido de psicóloga.”
Lidia traía una carpeta con cuentos que tiene para editar. Me leyó 3, le ponderé fervientemente uno. Le di consejos para no caer en la avaricia de los editores, que además de cobrarte la edición te hacen la presentación con tus propios invitados y termina resultando que el negocio de la venta en ese acto al que vos llevás tu gente lo redondea el editor, vendiendo los libros al 50 y 50, cuando si lo hacés en Luz del Porvenir, por ejemplo, recuperás seguramente parte de tu inversión. Hablamos del precio de tapa y yo coincido con Eduardo.
Después seguimos hablando de la gripe porcina, salimos a tomar un taxi y en una farmacia grande de Rivadavia buscamos mascarillas, que parece ser que ya están desaparecidas del mercado. Yo me compré mi tintura. Cerrando la puerta del taxi, la despedí.
Lidia tiene muchas características de sabia, lo disfraza exigiendo un racionalismo que a veces no es compatible con el acto creador. Seguimos esta tenida con emails yendo y viniendo.
Yo lamenté no haber podido rescatar la vehemencia en cada una de las palabras de Lidia, que en su forma de escribir es tan correcta. Pero este relato de estas dos partes esenciales de nuestra conversación estuvo tan, pero tan cargado de pasión por hacer con ese conocimiento tan refinado, que de veras lamenté no haberlo registrado con grabador. Son las 3:02 a.m. y aquí planto esta crónica porque ya por fin me está viniendo el sueño.
MLC.
Querida Marily:
Quiero agregar a la entrevista algo muy importante que sucedió meses después de que comenzara mi colección:
Mi pasión-adicción por las orquídeas comenzó cuando recién expatriada en USA comencé a cultivarlas, fui a clases para aprender ese arte de darles los cuidados que merecen, leí toda la bibliografía de que disponía, aprendí sus nombres, etc, etc. Un día hablando con mi hermana por teléfono ella me dijo:"tengo algo que contarte". "Yo también", le dije y como siempre hacíamos las dos, al unísono, nos dijimos nuestras novedades.
Las dos estábamos cultivando orquídeas, hacía aproximadamente el mismo tiempo.Yo en el hemisferio norte y ella en el sur, en Bs. As. Sin ninguna saber de la afición de la otra hasta ese momento.
Cuando regresé a este país, luego de varios años, mi hermana había muerto y mis orquídeas tuvieron que quedarse en USA. Era imposible hacer el traslado por razones aduaneras. Al dejarlas sentí que una parte de mí se quedaba en ese país. Y me resigné, prometiéndome no volver a cultivar estas plantas.
A los pocos meses de mi vuelta, mi cuñado me llama y me dice: "Las orquídeas de tu hermana se me están muriendo, llevátelas y salvalas"
Y así otra vez comencé a cultivar orquídeas, sintiendo sobre mis espaldas el peso de la responsabilidad de mantenerlas con vida. Salvé las que pude y de a poco aumenté la colección. Las orquídeas salvadas me regalan con floraciones fuera de lo común. Dignas de ser expuestas en las competiciones de las sociedades de orquidistas. ¿Tenés alguna explicación para todo lo que te cuento? Es absolutamente cierto.
Un abrazo,
Lidia